Hace algunos años recuerdo haberme sorprendido por la tecnología del Disco Compacto (CD por sus siglas en inglés).
La fidelidad y calidad del sonido en las grabaciones de audio realizadas en este dispositivo marcaban una nueva época para la industria de la música.
El precio de cada Disco Compacto en ese entonces sin embargo, era alto en comparación con otras tecnologías.
A medida que ha pasado el tiempo, ese costo se ha visto reducido y ahora podemos comprar un Disco Compacto por algunos pesos, quizá no más de dos en algunos casos.
Surge entonces con fuerza una pregunta ¿por qué hay que pagar en ocasiones más de $150.00 M.N. por un Disco Compacto grabado con música? ¿o por qué pagar miles de pesos por un programa de cómputo almacenado en un Disco Compacto?
La respuesta puede llevarnos a hacer un análisis del costo de la manufactura, comercialización, mercadotecnia, distribución del Disco Compacto por un lado y por otro el costo del conocimiento o la creatividad que contiene dicho dispositivo.
Si bien es cierto los costos de mercadotecnia y comercialización se han elevado considerablemente para cualquier Disco Compacto que contega música, video digital (DVD) o programa de cómputo; es la creación intelectual la que al menos en teoría tiene un mayor costo.
Esto nos permite notar de manera palpable cómo es que se da la evolución de una sociedad industrial a una sociedad del conocimiento (OCDE, 2002; Carrillo, 1999).
Dicho de otro modo, los activos intangibles toman gran relevancia debido a que se reconocen como formas de valor no físicas que potencialmente generan y se transforman en otras formas de valor.
Algo similar sucede con la labor de los maestros en la educación, su tarea evidentemente intelectual tiene una gran relevancia pues también tiene el potencial para generar más conocimiento, movilizar personas, transformar sociedades.
Cuando adicionalmente se tiene que la labor del maestro está centrada en el alumno, se requiere por parte del profesor disponer de recursos de aprendizaje variados y un ánimo sustentado no solo en la confianza ciega en dichos recursos tales como la tecnología, sino en generar condiciones didáctico-curriculares para que el alumno construya su personalidad y propio proyecto de vida como sujeto libre y responsable.
En el aprendizaje entre alumnos adultos, la generación y construcción de las condiciones didáctico-curriculares para el aprendizaje debe atender el autoconcepto de personas autodirigidas y responsables de sus decisiones.
Por ello, las propuestas de modelos educativos interactivos basados en las Tecnologías de la Información y la Comunicación provistas por Internet para el acceso a los recursos y la comunicación deben permitir a los alumnos poder contextualizar la información para que ellos puedan generalizar el aprendizaje a distintos contextos de la vida profesional y personal diseñando estrategias que permitan construir y descubrir el conocimiento.
2.05.2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Hola Roberto...
ResponderEliminarMuy buena la reflexión que haces respecto al valor que se le da a los contenidos electrónicos, la cual se me despierta la misma inquietud.
Es verdad que no hay que dejarle todo ciegamente a la tecnología, pues además de esta, es importante el interés y la disposición con que se desempeñe el docente, pues como mediador ó facilitador deberá despertar en el alumno, la necesidad y el deseo por conocer y aprender más, propiciando así que de manera propia, construya sus propias condiciones didáctico-curriculares...
Saludos!!!!